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“... ¿Puedo tener estampas, imagencitas de Jesús y María, medallas y libros piadosos...?   ¿Por qué?”

 

            La respuesta es muy sencilla mi querido lector: Dios se vale de todo lo que motive la piedad para darnos su gracia, tan necesaria para vivir junto a Él.

 

            Pero intentaré contarte algunos hechos de la historia que te ayuden a valorar el por qué de esta tienda virtual: Nuestra misión de ayudarte. Pero si tú no te ayudas nadie lo hará. ¿Qué quiero decir con esto? Tienes que querer para poder lograrlo. Ser flexible a la gracia de Dios.

 

            ¿Deseas convertirte?... Muchas veces es necesaria una "cadena de gracias". No una sola. Varias conversiones de los santos fueron debidas más que a una gracia en particular, a una "cadena de gracias" con que suavemente les atrajo Dios nuestro Señor a la vida de la perfección.

 

            Sirva como ejemplo la conversión de San Agustín. Su madre santa Mónica fue una gracia para él, pues desde niño le enseñó a hacerse la señal de la cruz. "Cadena de gracias" tantas lágrimas como derramó esta mujer por la conversión de su hijo. Aquel compañero de infancia, después discípulo, que con su muerte tanta impresión le hizo. Gracia muy importante su viaje a Milán, donde conoció a san Ambrosio a quien miró como a un padre, escuchó sus sermones y los cantos sagrados de su iglesia, que después le hacían exclamar: "¡Cuántas lágrimas he derramado al oír tus himnos y cánticos, oh Dios mío! ¡Qué profunda era mi emoción!"

 

            Querido amigo, Dios hablará a tu bello corazón por medio de muchas cosas...  

      

            Recuerda aquel célebre diputado francés, Jean Jaurés, asesinado en París al comenzar la guerra europea de 1914-18, el cuál tuvo una hija llamada Germana, a quién quiso educar en los principios racionalistas. Para eso mandó quitar de su casa todos los objetos religiosos y la educó con una mujer impía para que le arrancara de su alma los principios de la fe. Un día, Germana paseaba por el campo y en un lugar desierto encontró un calvario deshecho. Como se entretienen los niños en un juego de paciencia, así se entretuvo la joven en unir sobre la hierba los pedazos desparramados del Cristo y la cruz. Al terminar, miró con amor y complacencia aquel Cristo recompuesto, mientras que su institutriz desparramó de nuevo los fragmentos con un violento puntapié.

 

            Aquel puntapié fue el rayo de la gracia que hirió su corazón.

 

            Pocos años después Germana se hizo monja en un convento en donde vivió pidiendo por la conversión de los extraviados.

 

            ¿Y tú? ¿Cómo es tu casa? ¿Te das cuenta que una simple imagen piadosa, una medalla, o una sana lectura de vida de santos, puede ser la oportunidad que tanto has estado esperando para dar el paso hacia Dios; no sólo para tí, también para tu tan querida familia?

 

             Por eso ponemos a tu disposición esta tienda virtual. ¡Para que en ella encuentres lo que más tu corazón precisa!

 

                                                       ¡Salve María!

 
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